En 1991, cuando comencé las fotografías de la ciudad de Nueva York y sus alrededores, vivía a solamente a unas cuadras de “The Bowery”, en un pequeño apartamento, con muy poca luz que tenía una vista hacia los grises y desnudos edificios que albergaban otros pequeños y poco iluminados departamentos. Entre las barras de seguridad que cubrían las ventanas de mi "eficiente" segundo piso, me asomé hacia las interminables filas de concreto, alambre de púas y bardas. Los pocos cautivos del mundo natural que podía ver era una pareja de árboles que crecieron en un terreno lodoso, y parecía que ellos también existían en un mundo encarcelado, de soledad absoluta. Era muy difícil imaginarse que donde vivía había sido hace mucho tiempo acres de tierras cultivables.
Las fotografías que empecé a tomar y he continuado tomando desde entonces, son estudios de la manera en la que nos encontramos con la naturaleza hoy en día, y lo que esto implica. Empecé a notar una igualdad espantosa causada por la artificialidad de lo que se usaba para aparentar la naturaleza, algunas veces sentía como si casi todos los vestigios de naturaleza que se me cruzaban habían sido reducidos a las "eficiencias" del mercado.
Generalmente hasta esos "implementos" portaban la inconfundible señal de un ser humano vacío. Estaba lleno de un creciente sentimiento de pérdida mientras caminaba y, más tarde, fue lo mismo al manejar por lugares que parecían ellos mismos sufrir, como de algún tipo de enfermedad mental.
Yo quería mostrar la esencia de estos encuentros y que al mismo tiempo el extraño, pero sorprendente valor de la naturaleza, cuyo único mandato era continuar floreciendo, creciendo, y que simplemente continuara tan inconcientemente como la hiedra.
La fotografía me permitió encontrar una forma de dialogar con lo que estaba viviendo, una manera de explorar y registrar lo que yo creía importante, y una forma de responder a ello. Estas fotos no son solamente mi experiencia. Por fijar mi atención en las más grandes y simbólicas ciudades de Estados Unidos y sus alrededores, en ambas costas, traté de tomar fotos que pudieran reflejarse ampliamente en nuestra cultura.
La colección está hecha para meditar sobre esa cultura, la que presta para formar un libro. Traté de hacer fotografías que no se redujeran a un simple mensaje, sino que formarán resonantes con las inexplicables contradicciones que forman la vida moderna. Son fotos de la vida AHORA, y espero que le den a cada uno una pausa.
Richard Rothman |