Salas Temporales

       
 

JOSÉ LUIS CUEVAS

EL MUNDO RECIENTE DE JOSÉ LUIS CUEVAS.
CARTAS PINTURA Y ESCULTURA
 
La contemplación
 
A José Luis Cuevas contemplarlo, observarlo a cada momento, es como entrar a un mundo de seducción; la atracción que ejerce este creador de mundos diversos, permite que cada obra sea inédita. Cada lienzo tiene una historia, una vivencia irrepetible. Personajes siniestros salen de su inconsciente: cuerpos mutilados, contorsionistas, carniceros, prostitutas y muerte. Un mundo gris.
Tristeza, soledad, angustia, compañeras de sus horas de trabajo.
 
Por la mañana sube a su estudio, dibuja su rostro, con cierto temor empieza a acuarelear. Lo observo en silencio y descubro en su mirada suave y relajada la ternura de su ser. En él está la pureza del trazo y del color. De lo oscuro a lo luminoso.
 
Surgen intempestivamente los rojos, azules y ocres.
 
Una gran sonrisa ilumina su rostro, nos miramos y nos fundimos en un abrazo…
 
Beatriz del Carmen
Directora
Museo José Luis Cuevas
Diciembre 2009
 

 

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Mi amada esposa
Beatriz del Carmen, 1-VIII-09
Mixta/papel
121 x 160 cm.

       
 
       
 

REBECA HUERTA

LLUVIA DE ORO
 
Rebeca inició su carrera a mediados de los años noventa en Mérida, entre un grupo de jóvenes que con un fresco ímpetu creativo inyectaron en la ciudad un perfil artístico experimental y propositivo que continua latente.
 
La motivacion de esta joven escutora es la belleza y la luz, en busca de ello viajó a la República Checa con la intensión de aprender a trabajar con el material por excelencia luminoso: el vidrio. La técnica con la que trabaja se llama en su idioma natal (checo) tavena plastika, en español ha sido nombrada como colado de vidrio en moldes; fue creada por los artistas checos Stanislav Libensky y Jaroslava Brychtova, quienes a principios de los años cincuenta, en un pequeño pueblo al noreste de Praga, experimentaron para lograr fundir grandes volúmenes de vidrio con el fin de instalar esculturas monumentales en el espacio arquitectónico.
 
Últimamente Rebeca ha expuesto sus obras en Dusseldorf y Praga. Forma parte de la colección de vidrio Ernsting-Stiftung en Alemania. Como ella misma dice, haciedo uso del romanticismo propio de la juventud –“quiero sembrar en los corazones la semilla de la luz, ya tenemos muchas artes que hablan de tristeza, de caos y llanto… esos son los problemas, propongamos las soluciones. Es deber del artista ofrecer caminos de crecimiento espiritual”.

 

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Ek balam, 2009
Vidrio
24 x 18 x 21 cm

       
 
       
 

PABLO URTEAGA

Pablo Urteaga nos ofrece una creación plenamente subjetiva. Observar será su principal herramienta para expresarse. Por encima de todo, es la reacción de su espíritu para el que la Naturaleza es un motivo, una ocasión y un entorno visible del que extrae ritmos, contrastes, armonías; todo un acervo que se va entrelazando paso a paso.
 
Tras observar cuidadosamente el objeto, contemplar la Naturaleza, la figura, y sólo después de trabajar largamente, Urteaga logra la expresión que se antepone a la forma, por lo que se sirve del modelo, antes que éste de él.
 
Maestra Angélica Villarreal Hernández
 
PERMANENCIA DE LA FORMA 
 
Urteaga realiza una búsqueda personal e independiente para conformar su semántica artística. Se ha propuesto, y logrado, una inédita síntesis de elementos físicos o sugeridos como la figura humana, la naturaleza o la geometría. No busca describir un paisaje determinado, sino formular cuadros de inequívoca lectura, donde se ha diluido la frontera entre lo representado y lo insinuado. Equilibra su ingenio colorista sobre esgrafiados y barridos de la tinta uniendo las técnicas del dibujo, del grabado y de la pintura. Su estilo se percibe como único.
 
El saltillense impregna sus reflexiones en torno al espacio, al tiempo, al sonido: toda una nueva poética de la vida: “Pablo Urteaga propone en su obra el retrato fiel de la vida misma: explosión gráfica que promete suaves parpadeos, latidos de estreno, cálidas sinfonías. Ritmo acompasado; ritmo vibrante; ritmo frenético. El ritmo, sí, de la vida en su grandeza” (Javier Villarreal Lozano).
 
Este autor sugiere servirnos de nuestra intuición para rastrear las posibilidades de aquello que se mueve ante nuestros ojos. Nos invita a dibujar un mundo propio: reflejo inequívoco del espíritu. Es entonces que en nuestra mente surgirá la forma, y la forma permanecerá en nuestra memoria.
 
La muestra Permanencia de la Forma contribuye a la difusión y valoración de este nuevo artista mexicano, cuya trayectoria ha apostado primeramente por su país antes que por el extranjero.

 

 

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El idealista, 2009
Tinta de imprenta/estireno
210 x 501 cm.

       
 
       
 

CARLOS TORRES

ENLACES
 
Carlos Torres o la conquista de un pardo ascetismo
 
Recorrer los cuadros que Carlos Torres ha pintado en estos últimos años, tiene mucho de un ejercicio espiritual en la forma como lo entendieron los Padres del Desierto o los hijos del iluminado e luminante santo de Asís. Para compenetrarse de la despojada y estricta belleza de esta pintura, es acosejable a quien pueda interesarse en tan recomendable aventura, que conozca algunos de los lienzos anteriores a esta úlitma época del pintor colombiano. Allí, el color y una delicada sensualidad de la materia juegan aún con los sentidos del observador y halagran con módica pero incuestionable eficacia ese búsqueda de una belleza sin rasgos a la que solemos inclinarnos en primera instancia frente a un cuadro. Ahora, frente a esta ardua conquista de una austeridad irremediable, tenemos que convenir en que Torres ha alcanzado la meta que se proponía desde hace más de una década: dejar que el cuadro entone su “canto llano” ya vestido únicamente de la “estameña parda” que mencionó el poeta.
 
Lo que me conmueve en esta penosa conquista es, en primer término, el logro de un fin alcanzado con plenitud y, luego, el rigor inflexible que supone recorrer ese minucioso calvario sin jamás acudir a los recursos que en el camino le han ido ofreciendo, sin duda, el canto de sirena del talento y el fácil atajo de una téncia harto conocida. Todo ha sido dejado a la orilla del sendero y Torres, en la cima de un sueño cumplido, nos observa con el mismo asombro con el que nos perdemos en el desnudo enigma de su reciente pintura. Confieso que no he tenido el ánimo ni la osadía de preguntarle qué vendrá después. Hay abismos que sólo el artista sabe sortear gracias al ángel que lleva adentro y con el cual celebra los secretos pactos que marca su destino.
 
Alvaro Mutis
 

 

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Solsticio
Mixta/tela
121 x 121 cm.

       
 
       
 

DIEGO MONTOYA

GEOMETRÍA SENSUAL DEL SONIDO
 
Partitura para el color
 
Los movimientos y los colores del trópico, no son una ocurrencia en la obra de Diego Montoya, son la culminación de una partitura que define la soledad de un pensamiento a través de la música.
 
Aquí el punto y fuga son el aparente pretexto para escapar a la selva del juego que inicia con líneas sencillas y producen una metamorfosis de espejismo selvático, parece el nexo del horizonte y grandes planos.
 
Lo lúdico trasciende a la Técnia y hace la obra de Diego Montoya un rompecabezas…encuéntrenlo…
 
Alejandro Nava

 

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Armonía, 2009
Acrílico/lienzo
120 x 90 cm.

       
 
       
 

ARACELI HERRERA

PUEBLOS ORIGINARIOS DE MÉXICO: 500 AÑOS DE OPRESIÓN Y RESISTENCIA
 
En el momento actual los pueblos originarios de nuestro país están al punto de la extinción.
 
La falta de interés de los Gobiernos por recuperar culturalmente a quienes han aportado históricamente a nuestro país su legado, ha creado un enorme desconocimiento por parte de las nuevas generaciones.
 
Este trabajo documental a buscado en diferentes comunidades como Guerrero, Chiapas, Oaxaca, Chihuahua, Michoacán e Hidalgo, los diferentes ángulos que permanecen en el conciente colectivo, pero que eternizadas en una imagen estas se vuelven un acervo visual necesario para las actuales generaciones, así como para la recreación de nuestra historia.
 
En veinte años nuestras comunidades han cambiado para dar paso a la conversión de sus ideas, ahora difíciles de sostener ante la globalización y la ocupación de sus territorios.
 
La explotación y la migración han sido factores de este proceso de desculturización y marginación de nuestros pueblos originarios. Los jóvenes nacidos en estas tierras ya no les interesan sus raíces culturales.
 
Es por ello que esta exposición pretende hacer un homenaje a todos los ciudadanos originarios de los pueblos culturales de México.
 
Araceli Herrera
 

 

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Huarache
40 x 50 cm.

       
 
       
 

ALBA ROJO

ES LO MISMO, NO ES IGUAL

Alba Rojo presenta una colección de esculturas de pequeño formato. La escultora, de formación universitaria como matemática, heredera de las influencias de su padre, el artista plástico Vicente Rojo, pintor, escultor y diseñador gráfico, no oculta su vocación por la geometría y sus infinitas posibilidades.

Así son sus esculturas: trabajos geométricos realizados en metal pero cuyo aspecto, curiosamente, es el de recortes en cartulina que se pueden doblar y desdoblar. Alba está consciente de que la forma de sus creaciones puede ser atractiva para el público infantil.

En su obra parece mostrar asimismo un interés por lo constructivo, por alcanzar la simetría clásica, por lograr un orden puro a través de perpetuos malabares combinatorios y de secuencias que bocetan cubos y prismas hasta el infinito.

 

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Esquina, 2005
Aluminio pintado
35 x 34 x 47 cm.

       
 
       
 

MANUEL GONZÁLEZ

EL COLOR DE LA GUAYABA
 
Durante los últimos tiempos he querido transformar en mi obra el concepto básicamente policromático en la búsqueda de una mayor intensidad del color. En este nuevo trabajo he procurado profundizar en el aspecto de la técnica y el oficio, he querido accesar a un trabajo más profundamente elaborado, retomando los conceptos de mi propio lenguaje, ya que considero que uno no puede saltar sino andar y en este sentido sigo una línea evolutiva. En resumen los cambios que se presentan en esta nueva colección intentan responder a los cambios que suceden en mi vida.
 
Manuel González

 

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Azul del alto glaciar, 2009
Acrílico/tela
150 x 120 cm.

       
 
       
 

JESÚS ARAUJO

LA REALIDAD NO ESTA EN LA SUPERIFICIE

 

En el principio fue la forma, la figura como centro de creación, única manera de representación, eje irrompible, deidad incuestionable, estigma, dogma.

 

La forma como concepción, como inicio y como fin, está en las cavernas, en los papiros, en las rocas, en los códices, en los vitrales, en los lienzos, en los muros de las catedrales.

 

La figuración todo lo narra, todo lo describe, todo lo ilustra; la forma nos controla, nos dicta, nos gobierna. Pero, aprieta demasiado, amenaza, enerva, golpea, tortura, mata. Y el artista sufre, se lamenta, se cuestiona, se inconforma, se revela ¿Esto es todo? ¿No hay otros caminos, otros rumbos, otras rutas? ¿No hay otros mundos? ¿Otras dimensiones? ¿La reproducción mecánica de la realidad es el único sendero?

 

¿Y los sueños? ¿Y los sufrimientos? ¿Y el interior? ¿Cómo se representan? ¿Cómo se plasman la esencia y la materia y el alma y las funciones fisiológicas y los procesos mentales? ¿Tienen color, tienen silueta, tienen sombra, tienen temperatura, tienen dimensiones, tienen forma?

 

Ante esta presión, los elementos plásticos tradicionales se comprimen, se agrietan, finalmente colapsan y se separan, la forma estalla y se desintegra reduciéndose a partículas primigenias e irreconocibles dado su estatus anterior. De esta escisión afloran nuevas posibilidades, la figuración abre paso a nuevos entes plásticos que adquieren vida propia, uno de ellos es la abstracción.

 

De lo figurativo a lo abstracto solo hay un paso, no es lo mismo la representación del objeto, que la representación del espíritu del objeto. Tener conciencia de la realidad para avanzar hasta los procesos formadores de dicha realidad y representarlos, he ahí el paso.

 

Rocas, cielos, montañas, flores, rostros, cuerpos, emociones, sueños, traumas, sentimientos devienen manchas, tratos, texturas, puntos, colores, volúmenes. En este contexto, la obra de Jesús Araujo evoluciona a la abstracción pura.

 

La realidad no está en la superficie, hay que descender al génesis de las cosas, cavar, horadar, devastar, descascarar, desmenuzar para encontrar y transformar, estableciendo nuevos límites y enunciado nuevos paradigmas.

 

La síntesis como objetivo, anteponiéndola a la supremacía de la representación formal del objeto y eliminando la realidad para llegar a una supra realidad. Llegar a los confines y sobrepasarlos, tal es la batalla que libra el artista.

 

Vary Özzle Zakarön

 

 

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Angustia vital, 2008
Mixta
60 x 80 cm.

       
 
       
 

LEA CANTÚ

LO VACUO Y LO DENSO
 
Muy vasto es el dominio de la escultura, muy variada su expresión, desde los materiales “nobles” de la tradición, siempre presentes, hasta aquellos ofrecidos por la industria moderna o por los fragmentos más “pobres” de la vida de todos los días. El escultor es ese mago que transforma, construye y hace ser una extraña realidad nueva, según un reflejo milenario.
 
Duro oficio. Porque el escultor depende en gran medida de la textura, de la densidad, del peso del material que utiliza. Con él entabla ese “combate con el ángel” en el que la forma continúa siendo, en espacio y luz, en dureza y color, el elemento esencial de una búsqueda, donde la mano no es nunca lo suficientemente hábil para seguir o suscitar el pensamiento, según la materia. Duro pero bello oficio, en el que las técnicas definen perfectamente lo posible los límites; aunque, a veces, a través del tiempo, algunos gestos atávicos son repetidos sin cesar, incluso hoy; y siempre con este movimiento incesante que inventa y transmuta.
 
El arte de trabajar la piedra constituye una de las más antiguas ocupaciones del hombre, quizás desde el período de Neandertal (hacia 1600 AC). El modelado hace también su aparición con efigies de arcilla sin dar; sin embargo, una continuidad más allá de 10,000 años AC. Desde el Neolítico se observa un trabajo del metal con cobre.
 
“Es fallando la piedra (dijo Brancusi) como se descubre el espíritu de la materia, su propia medida. La mano piensa y une el pensamiento a la materia. Es el acto mismo del escultor, frente a un material cuyo conocimiento solo se aprende lentamente, y que reserva siempre algo inesperado que será necesario resolver sin poder nunca añadir nada, sino por la sola supresión. Hay que tallar y no herir la piedra, encontrar la solución ante la menor aparición de una veta o de un defecto no previsto; hay que saber luchar con la piedra, acariciarla, pulirla, saber con angustia como con goce, hacer surgir la forma que lleva dentro, pero que también ella puede habernos inspirado según su textura, la forma misma del bloque se ha elegido o encontrado” (Brancusi)
 
Como en el caso de algunas figuraciones betílicas, algunos escultores volvieron a la forma “natural” prefiriendo apropiarse directamente de las formas dadas por la naturaleza, cuya belleza intrínseca les fascina. Así, una piedra trabajada por la erosión, un guijarro pulido por el mar, una raíz o un tronco de madera, por la mera elección de la artística podrá alcanzar un rango de obra de arte. Algunos llegan incluso a exponer sus hallazgos en su expresión natural, sin retocarlos por trabajo alguno.
 
En reacción contra el desecho industrial, la verdadera creación está aquí “establecida” en el nivel de los elementos naturales; es la del artista limitándose a elegir esas formas y sacarlas de la nada.
 
Arte de la vista y arte del tacto, la escultura evoca aún los mejores reflejos de la infancia, ayudándonos a “pensar con las manos” (Denise de Rougement), o; en pocas palabras, a reencontrar las condiciones elementales de nuestra presencia en el mundo.

Jean Rudel

 

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Suplicando un arrullo
Modelado en ixtle
26 X 29 X 24 cm.

       
 
       
 

SALVADOR LUNA

CÍRCULO DE IDENTIDADES
 
Las diferencias entre los seres humanos no son obstáculos, sino diversidad enriquecedora para la supervivencia de la humanidad.
 
La diversidad es incluyente, no excluye, es una serie de eslabones, que en su virtud individual fortalece la existencia de un pueblo, un ideal, un proyecto, etc.
 
La obra es un collar de 24 eslabones diferentes entre sí, en alegoría a la diversidad de pensamiento, interpretación de la vida y concepción creativa de cada cultura, en este caso la P´urhépecha representa la humanidad.
 
Cada comunidad es representada a través de una pieza producida con sus propias técnicas artesanales, estilos e iconografías propias.
 
Cada eslabón está compuesto por dos piezas de diferente manufactura, nos inspira a reflexionar sobre la necesidad de cooperación entre los pueblos para evolucionar, la inclusión antes que la exclusión, crecer, impulsarse mutuamente para llegar a un fin, el hombre no es este fin, es un eslabón hacia ese fin.
 
Salvador Luna

 

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Círculo de identidades, 2008
Instalación
360 x 360 x 400 cm.