SALAS TEMPORALES  
 
 
     
 
     

PALLE SEIERSEN

TESTIMONIOS Y DESPLIEGUES     Sala 1

LA FASCINANTE COMPLEJIDAD DEL ORDEN Y EL CAOS

De reconocida trayectoria como escultor en papel, en su tendencia geometrista, el artista danés-mexicanoPalle Seiersen Frost, desde hace años radicado en México, autor de piezas en pequeño formato, caracterizadas por su precisa belleza e inherente monumentalidad, inaugura la muestraTestimonios y despliegues, una novedosa vuelta de tuerca en su labor –e interesante por diversos motivos– de su vasta carrera plástica.

Aunque el papel continúa siendo su materia prima predilecta, Frost ha elegido la bidimensionalidad en estas obras y, por vez primera, la utilización de un portentoso papel japonés denominado kinwashi, el cual luce en su interno entramado una opulenta manifestación de figuras y trazos cuya riqueza, toda proporción guardada, no dudamos en considerar barroca.Por las innumerables formas que conllevan diversos planos, aristas, relevancias, profundidades, perspectivas, horadaciones y demás, y de una abundancia casi apabullante, a primera vista, este escultor deja la impresión de constituir un caos que, en una observación más atenta y pronunciada, revela un innegable y fascinante orden interno, el cual resulta, pese a su evidente presencia bidimensional, de una tridimensionalidad indiscutible, si bien ésta pertenece a un ámbito virtual.

Tales cualidades de la obra de Frost nos llevan inevitablemente a proponer un parangón con esa estructura básica de complicada simetría que se encuentra inmersa en la naturaleza, el fractal, del latín fractus, quebrado o fracturado, término propuesto en 1975 por Benoît Mandelbrot, ya profundamente inserto en el vocabulario global contemporáneo, tanto de las ciencias como de las artes.Y es que la comparación surge de manera inmediata si recordamos que el fractal se distingue, entre otras cosas, por ser: a) demasiado irregular para ser descrito en términos tradicionales, euclidianos; b) posee detalles múltiples a cualquier escala, y c) es autosimilar, exacta, aproximada o estadísticamente.

Siguiendo a Ernst Cassirer, quien advierte que “no podemos comprender una obra de arte sin, en cierto grado, repetir y reconstruir el proceso que le ha dado vida”, por ello supongamos e imaginemos que el artista danés-mexicano, al empezar su proceso creativo, comprime y estruja literalmente de modo manual cada pliego de papel kinwashi, convocando así la participación consciente del azar y la casualidad, aunque sepa, como dice el poeta francés Mallarmé, que “un golpe de dados no abolirá el azar”.Luego, se dedica a darles color o pigmentarlo, con paleta tonal de segura y armónica factura: azules, verdes y morados o, asimismo, plasmarlo tan sólo en blanco y negro, acabado de su muy particular gusto e inclinación.

Después, el artista despliega y alisa con agua y plancha las múltiples arrugas resultantes de la anterior acción.Para concluir, monta el papel en una especie de marco o porta obras de arte que se inspira en un adminículo del mismo uso de origen japonés, llamado Kakemono, de rectangular conformación, como las estelas prehispánicas, salvo que en el presente caso el peculiar Kakemono de Palle Seiersen Frost no está adosado a un muro, como es habitual en el país del sol naciente, sino que, por la materia traslúcida del papel kinwashi,permite su contemplación o lectura por ambos lados de su estructura bidimensional.O, para decirlo en palabras del flamante expositor, se trata “de aplastar el papel para crear un caos, pero lo que surgió fue un orden nuevo, con posibilidades diferentes”.

Dra. Lily Kassner

0 1 2 3 4 5 

Despliegue 13, 2010.
Kinwashi y laca acrílica.
78 x 64 cm.

     
     

MIGUEL A. CIMÉ

NIÑOS DEL CAMINO     Sala 2

Más allá de la observación con simpatía de los juegos de la infancia, hay una brumosa nostalgia interior que se decanta en el poder de la evocación, la memoria, la ilusión por lo ido. Imaginación rediviva, ansia por lo perdido, sueño inasible. “Dime, niño, ¿de quién eres?”, dice un villancico tradicional. ¿Y estos niños de quién serán? Son de todos y de nadie; son del aire y del mar, del amanecer y de la noche; son los niños… del camino. Y ellos sí que tienen para sí aquel trompo y aquel balero, y esa parvada de avioncitos de papel, y ese cardumen de barquitos doblados a mano que, desde el astillero de sus dedos, liberan sobre las aguas del doméstico océano que se abre a sus pies.

La albarrada cómplice despliega su escenografía para el juego. El cielo toma con la punta de sus dedos los papagayos y, uno a uno, los prende en la orilla de su capa; la niña-crisálida gira entre sus manos una cuerda y, en metamorfosis saltarina, se trasmuta en mariposa… Vuela la kimbomba como rayo; vuela el niño con los pies en el aire y la chácara pintada  bajo sus suelas, y los iguanos testigos viajan en bicicleta o migran al espacio en un columpio vespertino.

Para invocar este panorama, la pintura de Miguel Cimé parece transparentarse desde el lienzo. El color abriga al dibujo, y se ilumina como a través de un tamiz de sutiles vibraciones. Es decir, el color se insinúa.

En las  fuentes en las que se ha nutrido el pintor, parecen asomarse el simbolismo y el futurismo. El primero convoca a la interpretación, la imaginación y los ambientes oníricos; el otro, a la visualidad imparable del movimiento. Ambas corrientes, asociadas al aspecto humano de Miguel Cimé, se reinventan y se aproximan al ya de por sí tan simbólico y fantástico mundo infantil, en el ingenuo y agreste entorno rural, como un encuentro idealizado o el sueño de algunos artistas que buscaron afanosos el encuentro de la candidez y lo espontáneo.

Con estos Niños del camino, sin afán de rescatar la tradición, Miguel Ángel Cimé parece develar el universo de los niños, las luciérnagas y el paisaje, y los juegos de canicas y lasrondas. Un día, Sigmund Freud dijo que la “infancia es destino”.Si como la de estos niños fuera nuestra infancia… Si así fuese nuestro destino…

María Teresa Mézquita Méndez

0 1 2 3 4 5 

Después de la lluvia.
Óleo sobre tela.
80 x 70 cm.

     
     

ELENA MARTÍNEZ / GABRIEL RAMÍREZ / CHRISTIAN RASMUSSEN

LAS MUJERES DECENTES DE LA 58 ¡POR NUESTROS HIJOS!    Salas 4 y 5

Las obras de arte de esta exposición son imágenes de una dura realidad social en Mérida, la de las sexo servidoras, prostitutas o como dicen “putas”.

¡No! ¡Ellas no se venden! Venden “un servicio”, lo hacen para mantener a sus familias. Como ellas dicen: “¡Por nuestros hijos!”

La exposición y el libro homónimo están basados en entrevistas y fotografías realizadas a 22 sexo servidoras de la calle 58, en las que relatan su vida y experiencias.
A cada mujer se le ha explicado la finalidad de las fotos y entrevistas.
Para respetar su “doble vida” y evitar que sean identificadas, sus nombres han sido cambiados.

Las fotos fueron usadas como “modelos” para los bordados de Elena Martínez y los dibujos de Gabriel Ramírez.

Agradecemos particularmente a “Rosario” que nos dio su permiso para exponer públicamente su fotografía.

A las sexo servidoras las hostigan y persiguen por cuestiones de moral, religión, salud y dinero, lo que las obliga a llevar una doble vida.
No es lo mismo decir públicamente “soy sexo servidora” que decir, “soy médico” a pesar de que ambos trabajen para mantener a sus familias.

La prostitución NO está tipificada como delito en el código penal del estado de Yucatán.
No existe legalmente, ni siquiera como falta.
Pero ¡se practica!
Y ¡que conste!:
No son las sexo servidoras que buscan a los hombres
¡Ellos vienen a ellas!

Las mujeres decentes de la 58  son tan decentes como los demás hombres y mujeres que transitan por la misma calle.
Son mujeres que así han encontrado la solución a sus problemas económicos y familiares.

¡No cualquier mujer lo haría! Merecen ser escuchadas y respetadas.

Damos las gracias a todas las mujeres, madres de niñas y niños, que dieron su voz y se dejaron ver en las imágenes.

0 1 2 3 4 5 

Placida
Dibujo

     
     

ÁLVARO SANTIAGO

SEGUNDA QUIMERA   Salas 6 y 7

VOLUMEN Y CADENCIA

El trabajo de un artista es invariablemente un asomo a sí mismo; pero, cuando este artista además logra comunicar, es fácil imaginar que la composición de los elementos,  acompañantes de su cotidiana intimidad, sea idéntica a la de su obra. Los objetos que plasma son extraídos de su escenografía familiar, pero también de la mitología plástica que ha diseñado cuidadosamente a lo largo de los años.

En la paleta de Álvaro Santiago, se puede entrever su origen oaxaqueño porque están irremediablemente presentes los colores de su tierra, de las hojas cuando están secas y cuando no, de los ánimos cuando están verdes y cuando no. Sin embargo, a pesar de esa  característica de arraigo, él es poseedor de una iconografía personal fuera de los estándares de la llamada escuela oaxaqueña de pintura. Este rasgo afortunado lo ha forjado a partir de una clara observación de sus propios deseos de encontrar una voz estética que lo complazca y del hambre de ver, de conocer, de descubrirse, sin temor al hallazgo.

Como resultado del esfuerzo creativo, la geografía de los cuerpos que Álvaro concibe tiene volumen y cadencia; son muy atractivos y se pueden acariciar. Son dóciles y ágiles, a pesar de su corpulencia, y en ello se concentra la mayoría de la carga de libertad y ligereza que se ve impresa en toda su obra.

Una vez que su iconografía nos es familiar, esos rostros hieráticos se convierten más en un espejo que en un enigma. Los personajes a los que pertenecen estos rostros, así como sus demás motivos recurrentes, transfiguran a composiciones casi oníricas, donde cohabitan objetos que levitan, seres que reflexionan en distintos planos o desafían la ley de la gravedad.

Finalmente, Álvaro Santiago, como buen creador,  no puede evitar ser autobiográfico, pues su silueta se insinúa repetidamente y siempre aparece como testigo omnipresente de sus propios relatos, como si no quisiera perderse ni un minuto de su propia existencia, ni en la realidad ni en su vasto mundo imaginario. Por eso, cada cuadro narra un instante de su vida, a manera de pieza de un rompecabezas que estará completo el día último que deje de crear.


Julen Ladrón de Guevara

0 1 2 3 4 5 

Argumentos, 2011.
Óleo sobre tela.
80 x 60 cm.

     
     

GABRIEL MARNÍ

CARNE HUMANA    Salas 8 bis

NOCHES EN DÍAS REDEFINIDOS

En 1866, GustaveCourbet realizó una pintura, El origen del mundo (L'origine du monde), en aquel momento imposible de mostrar, pero que llegó a nuestros días como un cuento de enredos y leyendas; casi como en Las mil y unas noches,Gustave no se atrevió a exhibirla y la vendió a alguien, que a su vez la revendió a otros. Total, a la larga historia se le agrega el hecho de que el cuadro demostró ser, para los estudiosos de la figura humana, un parteaguas de estructuras, ya que cercena el cuerpo para demostrarnos el erotismo en su punto más explosivo: la genitalita, en este caso la femenina.
Convivimos en la Mérida del siglo XXI, a escasas horas de viaje por avión de Caño Cañaveral, de donde emprenden todos los litúrgicos viajes a la Luna y quizá a otras partes y dimensiones. Aún así, Mérida se parece a la Francia de antaño, donde Courbet se atrevió a develar el mundo y sus gustos necesarios. Aquí existe una violencia golosa por el sexo a escondidas, que permite las sombras permeables de la carne vendible y digerible. Mérida representaría un cuadrante de primitivismo adosado como ladrillos, donde se genera una dinámica que, a través de silencios, establece contextos lúdicos, pictóricos, hiperrealistas y a medias tintas.
Gabriel Marni homenajea la existencia y la sexualita y se nutre, como Courbet, del miedo y la quimera acomodada por el escondite innecesario pero establecido como hecho primordial en la lingüística citadina. También lo llena de grises y de manchas que ocultan, en sus pinturas e invenciones, amantes postrados, puntuales, traviesos en diferentes planos y pericias. Clítoris que viajan como en firmamentos, roces de espaldas y aruños, quizá el lenguaje violento que deja la cadencia del amor amordazado por las ciudades extremas.
Gabriel Marni, en su trayectoria, ha asimilado la naturaleza humana en su corporeidad más íntima y enfatiza la monumentalidad social que cimienta el sexo y lo manipula con una técnica que nos recuerda, y dimensiona en plano, al Rakú japonés, donde el ente “arte” se quema en diferentes momentos y desiguales fuegos para, luego de un solo golpe, fragmentar los óxidos con un baño de agua helada que le da la ansiada textura. Tal vez esta es la lectura necesaria de su obra, donde, a través del calentamiento y frote del cerebro, se nos da, de un solo estacazo y jalón, el baño de agua fría que nos brinda un tejido, ojeada necesaria que rompe con el miedo crónico y nos lanza como en tobogán a estar al tanto, como en un artilugio de mago oriental, de que poseemos cavernas, apéndices y dimensiones exploradas por el gusto y por la dinámica del silencio establecido. Queda expuesta a nuestra vista el manifiesto destino de las carnes reveladas.

Gerardo Martínez

 

 


 

 

0 1 2 3 4 5 

Carne de Cañon, 2012.
Acrílico sobre papel.
50 x 35 cm.

     
     

ROGELIO CUÉLLAR

EL ROSTRO DE LA PLÁSTICA 1974 - 2011      Salas 9 y 10

El retrato es un proceso de trabajo, aprendizaje, un diálogo, inclusive de silencios, unaconversación de miradas, de intensidades, en la que siempre hay un espacio para la ternura yla vida.Sin duda, Rogelio Cuéllar estaría de acuerdo con esta afirmación de su admirado Karsh: “El corazón y la mente son las verdaderas lentes de la cámara”.El misterio que el retrato parece revelar va del deseo a la mirada a la imagen. Quizás de ahíderive la confesión de Skrebneski sobre que los retratos son las fotografías más íntimas. Perono sólo la intimidad entre el fotógrafo y el retratado; también la intimidad puesta en juego delespectador.Por eso la insistencia de Rogelio Cuéllar cuando alguien papalotea y no pone atención a lacámara: “Si no me mira, no hay foto”. El contacto. El diálogo, el tacto de miradas. Sinestesias del deseo. ¿Acaso no decía sor Juana “óyeme con los ojos”? El retrato: desnudez, transparencia, encuentro de miradas: el goce restituido: convergenciasde luz.

Para Rogelio Cuéllar hay una fascinación por retratar creadores: “Aprendo mucho de ellos, me inquietan, me motivan. Aunque conozca su obra, el libro, el cuadro, la escultura, estoy ante un universo desconocido y mi encuentro con ellos es un misterio del que surge una riqueza maravillosa”.“En mi trabajo con los creadores no existe la fotografía construida. Busco que nuestro encuentro sea muy cotidiano, muy familiar, y esto me permite hacer un trabajo transparente. Las personas que fotografío logran verse a través de mis retratos. Para lograr esto debo conseguir un diálogo, una comunicación a manera de complicidad con los creadores para no sólo obtener una fotografía circunstancial. Ellos saben lo que busco: no es tanto la pose sino mostrarlos de forma que su retrato pueda ser perpetuo, con luz natural, sin artificiosidad. ”

Rogelio Cuéllar ha hecho retratos considerados clásicos de los más importantes escritores mexicanos: Ahí está para siempre el rostro tímido hasta la hosquedad, de “niño castigado”, de Juan Rulfo. Ahí, la puerta que se abre/se cierra con Octavio Paz saludando/despidiéndose eternamente. Ahí, Carlos Fuentes perenne y jovial en su estudio. Ahí, un José Emilio Pacheco guareciéndose entre un paisaje accidentado de cientos de libros. Su experiencia en el retrato de creadores lo lleva a diferenciar: “Los artistas visuales son más expresivos, más teatrales. Los escritores, tal vez por la naturaleza de su trabajo, son más cerrados. Su universo es másíntimo, más privado. Ningún escritor me ha cocinado o ha bailado para mí como sí lo hicieron los pintores Gironella o Aceves Navarro”.

Ana Clavel

0 1 2 3 4 5 

Cordelia Urueta.
Plata/gelatina sobre papel algodón.
11 x 14"

     
     

ARNO AVILÉS

VIBRACIONES MINERALES        Salas 11 y 11 bis

UN CIERTO PERIODO

Sin duda, el tiempo es un cauce que todo lo llena. Arno Avilés nos ofrece una muestra que representa su búsqueda e interacción con las artes plásticas en un periodo de aproximadamente diez años de trabajo y que resulta un registro de la exploración de su lenguaje escultórico, el cual refiere lo abstracto, lo orgánico, lo figurativo. El trabajo que realiza podría entenderse como un arte clásico, en cuanto a que toma como punto de partida la reflexión y el uso de formas simples, planteamientos básicos del arte de cualquier época: el círculo, la línea recta, la espiral, la columna… Además, la disciplina a la que recurre para su discurso es la talla en piedra, que supone un reto en sí por su rigor y exigencias, un arte milenario y universal que ha registrado el paso de la humanidad sobre la tierra.

El trabajo de Arno persigue constantemente una confrontación hacia su propia percepción: se plantea retos deliberados con la materialidad contundente del mineral.
Proyectadas las ideas, da un cuidadoso seguimiento a su ejecución, sin apurar, sin dar lugar a precipitaciones, en una labor que se antoja cuando menos desfasada para las exigencias de este tiempo. El paso del cincel y el martillo no cesa; a veces, es intermitente, pero al cabo llega a la cita, al punto donde la piedra indica, y obtiene la pieza del proceso del trabajo plástico, que resulta ser parte de un trayecto que no concluye, aunque de vez en vez deja registros en el tiempo.

Puede decirse que Arno Avilés es un artista convencional, en el sentido de que busca la elegía, dirige su vista hacia el misterio, cree en las evocaciones inspiradoras, y es impulsado por el juego y por el gusto. Acaso lo que busca este autor en su escultura es lo que siempre ha intentado encontrar todo artista, aunque probablemente no se lo proponga así: la manifestación del espíritu, el espíritu que anima todas las cosas.

Juan Ventura

 

 

0 1 2 3 4 5 

Acueductos.
Grafica digital.
85 x 100 cm.

     
     

BEATRIZ CASTILLO

DETRÁS DE LA MIRADA          Expoforo

Cuando se busca trascender en la conciencia del observador a través de un conjunto de obras, comienza a gestarse la transformación que motiva, entusiasma, inspira a cualquier creador.

Por rachas, en diferentes momentos, eso fue lo que Beatriz Castillo se propuso al planear cómo, con la ayuda del metal, el barro, los colores y las texturas, podía ayudar a que cada uno de nosotros encontrara algo valioso detrás de cada mirada. ...Y es que la vida misma se encarga de darle sentido a los golpes, a la fuerza que dobla el metal y moldea la arcilla... La vida misma, con sus misterios, es la que dirige los pinceles y las brochas cuando el artista se encuentra a sí mismo y le urge transmitir, proponer, alentar, irrumpir...

A Beatriz Castillo le urgía armar una nueva propuesta para llegar hasta detrás de la mirada y, para conseguirlo, recurrió lo mismo a la fibra que regala el cocotero que a la lámina de acero de dos pulgadas... al barro blanco que al acrílico y el óleo. Así, pasa de lo natural a lo material para encontrar lo humano.

Así, te invita a buscar detrás de la mirada.

0 1 2 3 4 5 

Aqui nos sentamos, 2006-
Acrílico, lino, hoja de plata y óleo
146 x 146 cm.