Alejandro Segrove, Julio Amador, y Víctor Morán



 
 
ALEJANDRO SEGROVE
 
Toda experiencia estética presupone como mínimo 2 niveles de elaboración, un producto que selecciona y afirma sus motivos, y otro receptor que aprende y despliega la síntesis impuesta por el creador en su particular ejercicio. La integración de estos movimientos objetiva la forma incorporando el ciclo vital denominado arte.
 
Alejandro Segrove en su pintura concentra sus recursos para aproximarse al color y la superficie en series de analogías que persiguen su propia lógica, proponiendo al espectador un diálogo retrospectivo sobre el proceso que norma su expresión abstracta.
 
La composición de Alejandro Segrove comporta una estructura sugestiva de tensión plástica que transmite al espectador efectos táctiles, una textura que dirige la atención hacia la profundidad de los colores fríos, cuyos ritmos pretenden abarcar las superficies, como sujeto de su trabajo, para organizar en ellas, con su inquietud, las encontradas sensaciones que producen las formas vacías, las cuales no implican necesariamente la carencia de impresiones, sino más bien, una densa carga de ausencias que desconciertan y evaden el reflejo de la aprehensión, acostumbrada a localizar e interpretar los entornos de la conciencia. El pintor, rescata de la asignificación, su neutralidad, extensión y resistencia, para reintegrar a la sensación la utilidad estética de lo aparentemente vacío.
 
Ante los hábitos de interpretación visual que casi por instinto presuponen a las formas una realidad concreta, en estos trabajos el interés se desplaza hacia lo que de las formas cobra realidad en el individuo y lo que éste desea hacer con ellas. El propósito del pintor es intervenir en el proceso de la configuración, ya que en él existe un compromiso de apropiarse y de liberarse formalmente. Su trabajo se convierte en una aportación a la sensibilidad del espectador, para promover en éste, en el conjunto de sus sensaciones, la idea de compenetrar lo que difícilmente se destaca en una superficie, alterando la seguridad de las formas conocidas para que quede a solas ante el envés y el trasfondo de lo que provoca en el artista el impulso estético.
 
Descubrimos en estos cuadros una amplia experiencia en el color. Los trazos del pincel sobre las telas impresionan independientemente cada conjunto, interrumpiendo la continuidad de las superficies monocromáticas, sin embargo, no deja de notarse en cada pintura un sentido de integración en los diversos planos que incorporan una gama de colores opacos, que sin desplazarse, dada su contigüidad insisten con sus fases en una idea central, profundidad y textura.
 
Gabriel Garduño Soto
 
 
VÍCTOR MORÁN
 
Las personas, las cosas, los objetos, los tengo inmersos en un contexto que les da cierto sentido, se mueven entre recuerdos, nostalgias, necesidades, deseos, el cielo que les da luz, el paso sobre el que se a……….el tiempo en que me transcurre lo que está ausente en su momento.
 
Edificios, calles, ventanas, gente, casetas telefónicas, escaleras, cemento, son casi mi entorno, lo pinto. No lo ……No lo imito. Lo transfiguro tratando de encontrar lo cotidianamente no evidente.
Las imágenes que fabrico no son gemelas a las reales, aunque emanan de ellas.
 
Utilizo colores que me gustan, colores que me ayudan a expresar mejor lo que quiero; grupos de colores, no presentes en el paisaje que miro a diario, colores que por inertes son necesarios.
Pintar me facilita el decir cosas que pienso, que siento, que no podría expresar en otro lenguaje. Me hubiera gustado hacer música o escribir, pero me fue más dado, más placentero, más vital, la tarea de hacer imágenes.