Dibujos

Sala 1

Cuando sucede lo indecible

Tímido y silencioso, practicante de oficios diversos, parece celebrarlos todo en relativa paz y bajo una apariencia de calma inalterada. Su marginación y austeridad lo protegen de padecer los vicios a los que son proclives quienes se dedican al arte visual de producir, exponer y auto promocionarse como si fueran narcisos de invernadero. Rara vez he podido encontrar puntos de acuerdo o determinar con claridad qué es lo que hace a JG envolverse en el misterio para de pronto, inesperadamente, irrumpir en un mundo que dista ser el suyo e incluso contempla con franco desprecio. Pero sí, en ocasiones su-cede lo indecible y llega la hora en la que nos descubre sus pequeños y gozosos dibujos magistrales, muchos de ellos bocetos casi.
JG ha convertido las dudas en una vocación. Individualista y obstinado, poco a na-da afecto a demostraciones exhibicionistas, su natural es una manera tranquila y reserva-da de escamotear su incuestionable talento de dibujante y colorista. Prefiere mantenerse alejado, instalarse en un aislamiento pudoroso y cultivar una rigurosa aversión a la cosa pública. Uno lo imagina displicente frente al papel, impasible mientras sin mucho entu-siasmo y convicción traza rápido y seguro las líneas espléndidas que parecieran surgir como por casualidad.
En los años transcurridos desde su primera muestra, ha permanecido fiel en mane-ra y temperamento a guardar silencio durante largos periodos. Que la música la traiga por dentro ni duda cabe porque tras la fachada precavida y casi flemática se esconde un dibu-jante compulsivo y ya se sabe que con estos nada puede estar absolutamente en reposo. Hay un silencio y una sensación de paz como si regresara a la infancia mientras los trazos danzan con destreza sobre esa superficie que es el gran refugio, el lugar sagrado donde los espacios se pueblan de figuras que no son sólo para admirarse sino disfrutarse, para ser vistas no de lejos sino cerca, a pocos centímetros de distancia. Por encima de todo, ese es el verdadero centro del acto solitario. No lo que vendrá después. No las alabanzas o las condenas posteriores, no la palabrería. No esta prosa.
JG es un igual, alguien cuya compañía me he acostumbrado y al que estoy vincu-lado por las cortesías de rigor e incluso afecto. Con él puedo razonar (aunque no mucho), entender por qué esa su coraza de indiferencia y no tener el sentido de urgencia por ser reconocido. Respetar la terquedad de no querer mostrar su trabajo o hacerlo como quien no quiere la cosa. ¿Demasiado orgulloso o quizá demasiado listo? Comparto su desdén por las voces de aprobación o censura, que lo tome todo con característica moderación y, desde luego, aplaudo que se arriesgue una vez más al gratificante fuego fatuo de la vani-dad, que se someta a ese ritual terrible de exhibirse en público y que no todos afrontan con decoro. Después de todo, siempre se puede salir al aire libre e ir allá cerca, al mar.

GR. 2014
Gabriel Ramírez Aznar

 

Acerca de Juan Gabriel Peón

Juan Gabriel Peón (Yucatán, 1966) cursó estudios de Arquitectura (UADY, 1992-1996). Es pintor autodidacta desde los 17 años, participando desde entonces en exposiciones colectivas e individuales. Su trabajo gráfico ha ilustrado diversas publicaciones. En 1989 ganó el Primer lugar en Dibujo y el Segundo en Pintura en la III Bienal de Artes Visuales de Yucatán. Funda junto con un grupo de artistas plásticos la Galería 5+UNO en el 2010, con quienes ha realizado diversas exposiciones. Apartir del 2002 se dedica al diseño y producción de muebles.

-Juan Gabriel Peón