Universos paralelos

Salas 4 y 5
Construcción y reconstrucción: el oficio de pintor
 
A mis padres; a mis hermanos; a mi hija.

“Es bueno saltar sin paracaídas de vez en cuando; pararse frente al caos y tratar de no sentir vértigo, percibir el vacío y no quedarse pasmado.”
Francisco Barajas.
 
Desde los inicios del arte abstracto, la interrogante sobre aquello que se expresa y se muestra a través de éste ha sido una constante tanto en las teorías como en la crítica de arte. Independientemente de la historiografía que lo ve como una consecuencia lógica de la geometrización y abstracción de la naturaleza por parte de las vanguardias, es evidente que el arte abstracto ya no se puede leer a partir de su referencia de la realidad. De repente, el espectador no sólo se encontró con una nueva forma de expresión que eliminaba el carácter narrativo del lenguaje pictórico, sino que también fue introducida a una nueva experiencia estética que exigió a la mirada despojarse de toda forma conocida y penetrar la obra a través de la interacción entre la imaginación y el intelecto.
 
El arte abstracto no es más la re-creación o interpretación de la realidad, sino la creación y construcción de un ámbito autónomo cuyo sentido se encuentra en la interacción entre la obra y el ojo que lo contempla. La pintura abstracta origina una introspección, un deambular casi infinito por los recovecos de nuestra conciencia, y lo que la mirada percibe a través del color, las pinceladas, las manchas y las líneas es el reflejo de ese delirio instantáneo al que es arrojado el espectador en el momento mismo que el ojo recorre la pintura.
 
En el caso de Francisco Barajas, ¿qué es lo que se muestra ahí: en esa mezcla y sobreposición de colores, en esa total estructuración del espacio? Y él mismo nos dice: “necesitamos ‘re-crear’ y construir nuevos escenarios que nos hagan percibir y ver cosas que en la naturaleza no encontramos.” Pero el hecho de que no las percibamos de manera objetiva no quiere decir que no existan o que no sean, al menos, una posibilidad; es decir, que ese “nuevo escenario” es la construcción de una realidad alternativa, de ordenar de otra manera el estado de las cosas, de “re-crear” otro mundo posible.
 
La obra de Barajas, ha sido la constante construcción y reconstrucción de un ámbito en el que los cuerpos geométricos comparten intersecciones, se penetran y combinan entre sí. Su  capacidad de diluir los contornos, de integrar las figuras unas a otras y, en definitiva, de eliminar –literalmente– la línea divisoria entre la figura y el espacio que la contiene ha producido “escenarios” en el que el conjunto de figuras es realmente el desenvolvimiento de un solo cuerpo geométrico, cuyo fundamento se encuentra en ser también él mismo el espacio que lo contiene.
 
El cuadro, pues, ya no es una realidad bidimensional estática que contiene imágenes, siluetas, sino un ámbito en el que acontece el nacimiento de un espacio. La obra refleja y es, en sí misma, el proceso de construcción de un lugar que se configura a partir del dinamismo de los cuerpos geométricos que se desplazan en él tratando de definirse, de encontrar su mismidad. Y así, entre más logran delinearse, individualizarse, más se integran y conforman el espacio en que se manifiestan. El arte abstracto de Francisco Barajas evidencia la natural insatisfacción de la existencia, la búsqueda constante de razones y verdades, el ir y venir de la conciencia en búsqueda de su verdadera identidad y lugar en el mundo.
 
Gustavo Barajas Gómez

Acerca de Francisco Barajas

Francisco Barajas (Jacona, Michoacán, 1963) estudia en la Escuela de Iniciación Artística de Bellas Artes, del Instituto Nacional de Bellas Artes, en la ciudad de México. Cursa el taller de grabado del Centro Estatal de Bellas Artes de Mérida, Yucatán, con el maestro Emilio Vera G. Fue asistente por varios años del maestro Miguel Ángel Alamilla en el D.F. Tiene en su haber más de 50 exposiciones colectivas en el ámbito nacional e internacional y cinco individuales.

-Francisco Barajas