Inesperado

Salas 6 y 7

El lenguaje pictórico de Guadalupe Morazúa

Las diversas vertientes del abstraccionismo surgidas en la segunda posguerra, como el informalismo y el signismo, entre otras que devinieron académicas, tomaron placentero lo que fue revolucionario en su origen. Sin cesar de enriquecerse y diversificarse, incluso durante todo lo que va del conceptualismo, sus mayores filones actuales se suelen resumir en dos, que son complementarios: el gestual y el matérico. Y entre éstos se encuentra el lenguaje pictórico de Guadalupe Morazúa. En este punto medio, su obra acomete reflexivamente lo que fue catártico en el primero y convierte en un sutil goce sensorial lo que fue acumulativo del segundo, pero conservando de los dos el afán de experimentar las diversas posibilidades de la revelación personal que conlleva el acto mismo de pintar sin más referentes que los valores plásticos intrínsecos de los materiales en libre juego sobre el espacio plano.


Una parte de este conjunto de cuadros de Morazúa tiene en común sus fondos de colores claros, ligeros y abiertos, que sugieren el estrato de sensibilidad anímica en que la descomposición de áreas centrales de colores fuertes, que a veces semejan elementos constructivos, liberará mayor cantidad de energía. Chorreaduras y deslavados, esgrafiados azarosos, trazos gruesos, fragmentos geometroides o amorfos o posibles restos de signos caligráficos, emanan la energía dinámica de sus composiciones. Otra parte la constituyen las saturaciones de color, accidentadas y casi totales, sobre las que alguna mancha, algún esgrafiado o alguna chorreadura dan señales del fondo de luz que encubren.


La ausencia total de alusiones figurativas sitúa la obra de Morazúa en un plano de búsqueda del absoluto platónico de la belleza formal –en el que se sustentaron filosóficamente el abstraccionismo geométrico y la abstracción lírica del siglo XX-; es decir, la belleza de la interacción accidental provocada de los materiales, sin relación con las formas naturales, aunque a veces, en su obra, las superficies cubiertas con hoja de oro conlleven cierta suntuosidad y, por tanto, se contrapongan a la austeridad característica del materismo. En todos los casos, Morazúa evidencia la “planidad” de la pintura y que en la manera de romper su hermetismo para acceder a su fondo ilusorio, reside la personalidad del creador.


El trabajo de Morazúa ha sido una travesía anímica, cuya unidad es el fluir constante por los meandros sensoriales que van desde la delicada matización de campos de color por sus valores lumínicos, acotados por trazos libres que sugieren profundidad espacial, hacia ocasionales obstrucciones por manchas masivas que, con una virtual voluntad propia, tienden a desgarrarse o a disolverse o a precipitarse, hasta llegar a saturaciones casi completas de la superficie, incididas por grafismos que extraen sus últimos signos de luz.
Ésta es, tan sólo, una de las posibles claves de lectura de la pintura de Guadalupe Morazúa y, como toda obra abstraccionista, está abierta a las proyecciones, atribuciones y contribuciones del imaginario del espectador, puesto que la provocación del diálogo, es su objetivo principal.


Luis Carlos Emerich

Acerca de Guadalupe Morazúa

Guadalupe Morazúa inicia sus estudios en la Escuela Nacional de Artes Plásticas de la Universidad Autónoma de México. En su amplia trayectoria se encuentran 35 exposiciones individuales en galerías como el Museo de Arte Abstracto Manuel Felguérez en Zacatecas, el Museo de Arte Contemporáneo Ateneo en Yucatán y el Museo de Bellas Artes en Toluca. Ha participado en 187 exposiciones colectivas en el país y en el extranjero, mostrando su obra en Rusia, Estados Unidos, Canadá, Costa Rica, Bolivia, Colombia, Panamá, Venezuela, Chile, Italia, Barcelona, Corea, China, Bulgaria y Taiwán.
http://www.morazua.com/

-Guadalupe Morazúa